Ese es el llamado por estos días al sector arrocero de los Llanos Orientales, un llamado absurdo como tal. La corporación pluridesarrollo analiza cómo se llegó a este escenario y sus posibles soluciones.

Los arroceros vienen sintiendo los efectos positivos de las mejores condiciones de producción de su arroz y una mayor productividad. Esto se refleja en parte en la estructura de costos del cultivo y en el rendimiento de su producción. Por el lado de los costos los arroceros han venido concentrando esfuerzos en la búsqueda de mejoras de sus sistemas de producción reflejado en aspectos como las tasas de crecimiento de los costos del cultivo en el tiempo. Por ejemplo: El costo por fertilizantes entre el periodo 2000 y 2008 crecieron a ritmos elevados llegando a un aumento del 15%; para este mismo periodo el costo por concepto de arriendo aumentó el 10%. En contraste con el periodo 2016 se redujeron al 0,1% y el 3% respectivamente, de igual modo se comportaron los costos de la protección al cultivo, la recolección, entre otros. Identificados en la siguiente tabla:

Todos estos avances se vienen observando desde el 2015 y 2016 en la producción de arroz. (ver anexo). No obstante, en los últimos días se viene hablando de sobreoferta de arroz, el acceso a la información que tenemos en este momento no nos permite hablar con total certeza, pero miremos estos datos interesantes:
La producción de arroz en Colombia según el DANE en el 2016 fue de 2.971.975 toneladas, las importaciones según Fedearroz son del orden de 608.526 toneladas, esto nos da un total de 3.580.501 toneladas de arroz disponible para el consumo en Colombia. Según la encuesta de calidad de vida 2016 del DANE, en promedio en una semana en Colombia se consumen 33.964 toneladas; esta cifra por 52 semanas de un año nos dan un total de 1.766.128 toneladas equivalentes al 48% del total de la producción, es decir, los hogares colombianos consumen casi la mitad de lo que producimos e importamos de arroz. Pero ¿Qué pasa con el otro 50%? No tenemos datos del consumo de la industria que fabrican harina y demás productos fabricados a base del arroz, pero hay indicios que estos consumos no logran absorber toda la producción de arroz restante.

Esta situación viene generando problemas de acumulación de arroz en los molinos; situación que se logra evidenciar por las acciones del gobierno nacional que para impedir un paro de arroceros prometió estímulos al almacenamiento de arroz, esperando almacenar alrededor de 500.000 toneladas. Esta decisión en nuestro concepto fue un grave error porque no proporciona ninguna solución, por el contrario genera la falsa expectativa de que los precios del arroz se van a sostener en el tiempo, situación que no se podría dar, y los arroceros continúan sembrando la misma cantidad de arroz.

Lamentable también resultó la solicitud dada por Rafael Hernández Lozano, gerente de la Federación Nacional de Arroceros, Fedearroz a sus agremiados para no sembrar este cereal, olvidando todos los esfuerzos que esta Federación y sus agremiados ha tenido en la búsqueda de mejorar la productividad y tecnificar el sector; entonces ¿en dónde queda todos estos avances de mejora?

En vez de estar solicitando acabar con la producción de arroz, el Gobierno y Fedearroz en un trabajo conjunto deben buscar alternativas, por ejemplo, abrir nuevos mercados para exportar el cereal.

Estudios adelantados por la OECD-FAO, llamado Agricultural Outlook 2015, muestran las proyecciones al consumo de arroz para varios países por ejemplo: en china el consumo de arroz en promedio para el periodo 2012-2014 fue de 136.054 kilotón(kl) y se espera que el consumo para el año 2024 sea de 143.205 kl, o la India que consumió 96.472 kl en el periodo 2012-2014 y se estima que consumirá 115.287 kl para el año 2024, entonces nos preguntamos: ¿Será que si apoyamos adecuadamente a los arroceros no podremos exportar nuestros excedentes de arroz a estos países?

Es necesario que ambas partes, tanto el gobierno como el gremio de arroceros, busquen alternativas diferentes al incentivo por almacenamiento o simplemente dejar de sembrar. La solución llega por la vía de abrirse a nuevos mercados para de esta manera lograr mantener las mejoras en productividad de la cosecha y mejorar y mantener los empleos, así como los ingresos de los arroceros y lograr exportar nuestros excedentes.

Por Didier A. Alejo Barrera
Investigador de la Corporación Pluridesarrollo

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